Gregory Adames, testigo fundamental en la investigación sobre la reciente tragedia ocurrida en el establecimiento Jet Set, ofreció declaraciones determinantes que apuntan a una presunta negligencia administrativa minutos antes del siniestro.
Según el testimonio de Adames, durante la noche del incidente se registró un evento irregular previo con un cliente que encendió las alarmas sobre los riesgos evidentes en el recinto. Ante esta situación, el testigo afirma haber solicitado formalmente la suspensión inmediata de la actividad para garantizar la integridad de los presentes.
«Insistí en que la actividad debía suspenderse tras notar riesgos que no podían ignorarse», señaló Adames en su declaración.
Prioridad comercial sobre la seguridad
La revelación más crítica del testimonio indica que la solicitud de desalojo o suspensión fue rechazada por los responsables del evento. De acuerdo con Adames, el argumento para continuar con la jornada fue que se trataba de una “buena fecha” para el negocio, priorizando la rentabilidad económica sobre los protocolos de prevención de riesgos.
Este testimonio se suma al expediente que manejan las autoridades para determinar las responsabilidades penales y civiles de los propietarios y organizadores. La fiscalía busca ahora corroborar esta versión con los registros de comunicaciones y otros testimonios de los trabajadores presentes esa noche.
El caso Jet Set ha generado una fuerte conmoción pública, reabriendo el debate sobre el cumplimiento de las normativas de seguridad en centros de entretenimiento nocturno y la fiscalización de los planes de contingencia ante eventos de afluencia masiva.

