CARÚPANO, ESTADO SUCRE.– Cada 15 de marzo, el aire del oriente venezolano parece cargarse con un aroma especial a flores silvestres y tierra mojada. Hoy se cumplen 24 años desde que el maestro Luis Mariano Rivera emprendiera su partida física hacia la inmortalidad, dejando tras de sí un vacío en la música popular, pero un legado que permanece tan lozano como el valle que lo vio nacer.
Nacido el 19 de agosto de 1906 en el Valle de Canchunchú, en las cercanías de Carúpano, estado Sucre, Luis Mariano no fue solo un hombre; fue la voz misma de la naturaleza. Su vida es el testimonio de que la sensibilidad no conoce de academias: aprendió a leer y escribir pasados los 30 años, demostrando que la poesía ya habitaba en él mucho antes de que supiera plasmarla en el papel.
El Cantor de la sencillez
Su obra es un canto a lo cotidiano, a lo sencillo y a lo puro. Con su emblemático «Canchunchú Florido», Rivera no solo compuso una canción, sino que dibujó un mapa sentimental de su pueblo, logrando que el mundo entero conociera la belleza de aquel rincón sucrense. A través de sus letras, le dio voz a la fruta, al pájaro, al obrero y a la flor, elevando la identidad del campesino venezolano a los altares de la cultura universal.
Composiciones como La Guácara, Cerecita y El Carrasclás son hoy parte fundamental del cancionero nacional, interpretadas por voces que van desde el folklore hasta lo sinfónico. Su capacidad para transformar la observación del entorno en versos profundos lo convirtió en un referente ético y estético del Movimiento de Cultores Populares.
Un legado que florece
Luis Mariano Rivera falleció el 15 de marzo de 2002, pero su partida no fue un punto final. A 24 años de aquel adiós, su presencia se siente en cada niño que aprende a tocar un cuatro en las escuelas de Sucre y en cada emprendedor que, como él, cree en el valor de lo autóctono. Fue un hombre que, a pesar de los honores y reconocimientos, nunca abandonó la humildad que lo caracterizaba, recordándonos siempre que «la luz de la inteligencia es una cosa y la luz del sentimiento es otra».
Hoy, al recordar su trayectoria, Venezuela rinde tributo al poeta, al compositor y al ser humano excepcional que hizo de su vida una melodía. Luis Mariano sigue vivo en el corazón de su gente, recordándonos que, mientras haya un verso que cantar, el valle de Canchunchú seguirá floreciendo en la memoria colectiva de la patria.

