Por el Diputado Aníbal Sánchez
Desde comienzos del siglo XX, el petróleo transformó a Venezuela de una nación rural y pobre en una de las más prósperas de América Latina. Sin embargo, esa riqueza inicial estuvo marcada por concesiones a empresas extranjeras como Shell y Standard Oil, lo que generó un sentimiento de expoliación y dependencia. Rómulo Betancourt describía al país como “tierra de promisión” para los consorcios internacionales, hasta que en 1976 se concretó la nacionalización con la creación de PDVSA y la Ley Orgánica que reservó al Estado la industria y comercio de hidrocarburos.
La Ley de Hidrocarburos de 2001, reformada en 2006 bajo el mandato de Hugo Chávez, reforzó ese control estatal: PDVSA debía tener mayoría accionaria en cualquier asociación, y los recursos se declararon de utilidad pública y soberanía nacional. Este marco jurídico se convirtió en un escudo frente a intereses externos, bajo la premisa de que “el petróleo es del pueblo” y debía servir para justicia social, educación, salud y soberanía.
Hoy, con la propuesta de Reforma Parcial presentada por la presidenta (e) Delcy Rodríguez, se abre un nuevo debate. El objetivo declarado es blindar jurídicamente los modelos productivos de la Ley Antibloqueo, facilitar inversiones en campos sin infraestructura y atraer capital extranjero —especialmente de Estados Unidos y Europa— para reactivar la producción. Empresas como Chevron, Repsol o Maurel & Prom ya presionan en esa dirección.
La discusión es inevitable: ¿se trata de una flexibilización necesaria para el progreso y la diversificación económica, o de una amenaza a la soberanía conquistada hace décadas? El mundo avanza hacia energías alternativas, pero Venezuela, con las mayores reservas probadas del planeta, no puede renunciar a sus hidrocarburos. El reto es administrarlos con transparencia y visión, diversificando la economía sin perder el control soberano.
En Venezuela, el petróleo no es solo un recurso: es símbolo de orgullo, de luchas pasadas y de decisiones que marcarán si esta riqueza será realmente para todos los venezolanos, o solo para unos pocos.

